Dulce venganza
martes, 10 de abril, 2007 La Opinión
crítica musical ÁNGEL H. SOPEÑA
Los Bluesfalos
Sala Gamma. 7 de abril
Sencillamente emocionante; así fue el reencuentro de Los Bluesfalos con la afición. Manuel Gómez y Emilio Chicheri forman un tándem perfecto, y siguen ahí, igual de vacilones. Cumplen de sobra con su papel de tipos curtidos, conservando el halo de leyenda incluso para artistas consagrados como Fito Cabrales, que –entre otros- podría participar en el dvd conmemorativo de su 20 aniversario.
Ese era el motivo de reunión, y también grabar un cd en vivo que posibilite su retorno a la actualidad. Todo salió a pedir de boca. Hasta la entrada de la sala, tras la lluvia, recordaba a Nueva Orleáns inundada. Incluso la fecha parecía premeditada: la víspera de la resurrección. Esperaron las campanadas de las doce para saltar al escenario, y acreditaron su espléndido estado de forma y una admirable capacidad de entrega.
Cantaron blues y rocanrolearon de lo lindo; la fornida sección rítmica funcionó bien engrasada, y los matices fueron aportados por Carlos Turbina al saxo y la última incorporación, Abdón ‘Duke’ Alcáraz, al piano, que les hicieron ganar lustre.
Las mismas canciones, los mismos ‘gimmicks’. Los Bluesfalos, especialmente Manuel Gómez, conocen el porte y los secretos del show: guitarra a la espalda, coreografías, incursiones entre el público... Pero lo mejor es que tocan como si no hubieran dejado de hacerlo ni un solo día, y cantan con la misma pasión nocturna como viven su propia existencia. Son de verdad. No hay más que ver a Chicheri y Gómez, que parecen haber conseguido un amuleto en el cruce de caminos.
Los Bluesfalos ofrecieron un repertorio abrumador y extenso: dos horas sin bajar la guardia, sin apearse de la locomotora. Libres de la obligación de defender temas nuevos, dispararon sin tregua, capítulo a capítulo, parte del mejor blues hecho en español, ante una audiencia rendida que convirtió la abarrotada sala en una fiesta -la cita obtuvo el respaldo que se merecía, con un público conocedor de su obra y milagros-. En las primeras filas coreaba y bailaba todos sus hits una generación que no tuvo oportunidad de verles en vivo antes. Estuvieron impecables, y cuando todo acabó la sensación era la de haber vivido un momento mágico e irrepetible. Si el dvd grabado recoge una mínima parte de lo vivido, es para estar deseando tenerlo.
La vuelta de estos veteranos acabó con brazos en alto tras varios bises, en los que aprovecharon para presentar canciones como “Llévame otra vez a Memphis”, un guiño juguetón al blues y al rocanrol con algunos de los personajes y tópicos más emblemáticos, una canción fresca y sencilla que les quita veinte años de encima. Chicheri incluso se cantó un corrido lenguaraz y picante que le emparenta con el rockero sevillano Silvio - no le falta carisma a Emilio-, y terminaron, tras homenajear o conjurar a B.B.King, reafirmándose con uno de sus himnos: “Blues (cómo me gusta el blues”), que sonó a dulce venganza. Ni sus más cerriles detractores podrían permanecer impávidos ante lo que allí aconteció. Porque lo que Los Bluesfalos ofrecen es eso, el blues y el viejo rocanrol de toda la vida. Si eres de los que les has dado por muertos y enterrados, sigue así, sin enterarte de nada. Ellos, como los viejos blues que les hicieron nacer, nunca estarán “out of time”, porque el blues es dinamita, nena, y explota en sus venas. |